Macron, el nuevo político pop

Macron, el nuevo político pop
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Hasta el año pasado, la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca organizaba una cena en donde el Presidente de Estados Unidos se reunía con la fuente presidencial y daba un discurso gracioso en el que se burlaba de todos, pero, sobre todo, de sí mismo. El año pasado, Barack Obama hizo el chiste de que él ya estaba pasado de moda, lo había reemplazado Justin Trudeau: tan guapo y tan carismático.

Lo que se dijo en una broma que lo mismo se burlaba de él mismo que de Trudeau, tenía un componente de verdad. Justin Trudeau se había convertido en el nuevo político al que todo le festejamos. La diferencia principal entre ambas figuras era que, si bien Obama tiene un carisma que no nos cansamos de aplaudir, sus posicionamientos públicos tenían contenido. Obama, en muchos de sus discursos, trató de analizar problemas complejos, presentando una visión multidimensional del mundo. Ejemplos tenemos muchos: el discurso con el que respondió a la polémica suscitada por el pastor Wright (mencionado en este espacio la semana pasada), el discurso sobre raza y derechos civiles de Selma, el discurso sobre paternidad, valores sociales y control de armas de Newton, etc. En cada discurso, Obama se revelaba y presentaba una concepción del mundo y de la vida; del deber ser frente al testarudo ser. Trudeau no hace eso. A Trudeau le conozco un discurso poderoso, el que dio frente a la Asamblea General de la ONU. Todo lo demás son estrategias publicitarias, cañonazos: llamarse feminista, ir a la marcha gay, explicar física nuclear frente a un pizarrón lleno de fórmulas como si no estuviera preparado, etc. Justin Trudeau es un político pop, progresista, atractivo y carismático, pero no es un hombre de Estado; es un rockstar, pero no tiene una visión del mundo que nos quiera compartir y, conforme va avanzando en su administración, la misma prensa se cansa de que los convoquen a documentar actos perfectamente planeados como si fueran improvisaciones geniales.

Hace un mes, las elecciones francesas nos dieron a otro de estos políticos irresistibles: Emmanuel Macron. ¿Dónde está el nuestro?, clamaban los analistas mexicanos con frustración. Un jovencísimo exfuncionario, liberal y progesista; un hombre sin partido que se contraponía perfectamente a la amenaza fascista que representaba Marie Le Pen. Un hombre preparado; un filósofo que encuentra en la lectura los razonamientos que le permiten hacer política.

Rápidamente saltó a la escena internacional. En la reunión del G7 estuvimos todos atentos a cómo enfrentaría a Trump. Están los videos en que saluda primero a Merkel, desconcertando al americano —todos festejábamos— o aquél en donde le da un apretón de manos dominante, “ganándole a Trump en su propio juego”.

Esta semana lo llevó un paso más allá. Ante el anuncio de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, Macron publicó un video en inglés en el que le habla “a los norteamericanos”. En él dice respetar la decisión de Trump, aunque la califica como un error. Luego invita a científicos, ingenieros y ciudadanos, decepcionados por esta decisión a irse a vivir a Francia a buscar soluciones conjuntas. Finalmente anuncia que tendrá una reunión con sus principales socios y cierra diciendo, parafraseando al mismo Trump, que todos tenemos la responsabilidad de “Make our planet great again” (hacer nuestro planeta grandioso otra vez).

A mí el mensaje me pareció pésimo, a pesar de su viralización. Explico por qué:

En primer lugar el tono del mensaje es como si le hubiera declarado la guerra a los Estados Unidos. La reunión con los socios “con los que puede contar”, la invitación (me imagino que metafórica porque no creo que a partir de hoy las visas de residencia se hayan flexibilizado) a los ciudadanos norteamericanos decepcionados a que migren a Francia… y todo para cerrar con un chistorete fácil. Una de dos. O es la tercera guerra mundial que deja ver su lenguaje corporal o es una estocada a ver de qué cuero salen más correas. Las dos me parecen inapropiadas, pero sobre todo, incompatibles.

En segundo lugar, “make our planet great again” carece del mismo problema que la frase original “make America great again”. Again? ¿Grandioso como cuándo? ¿Haciendo qué o cómo?

En tercer lugar, no establece una contraposición con Trump. Por el contrario. La razón por la que Trump se sale del tratado responde al slogan con el que inauguró su presidencia: “America fisrt” (América primero). Este slogan tiene que ver con fuentes de empleo y relaciones comerciales. “Make America great again” tenía que ver con un diagnóstico social relacionado a la migración, principalmente. Trump no se sale del Acuerdo porque piensa que el mundo es demasiado verde, se sale porque sostiene que eso lastima a la economía norteamericana y, porque él pone a “América primero” se sale. Además, ya poniéndonos quisquillosos. En todo caso, opuesto a la visión, sería proponer volver nuestro mundo (no nuestro planeta), grandioso otra vez. El planeta tiene connotación ecológica que no entra en pugna con la concepción social de Trump; no es un antagonismo preciso. En cualquier caso, es una salida fácil, pero no inteligente.

Finalmente, es absolutamente incompatible con el personaje de Macron. “Es verlo bullear al bully mayor”, “es como una pelea en el arenero del kínder”, me decían para argumentar la genialidad de la respuesta. Pero es justo por eso que no es genial. Un político destacado por su capacidad se pone a la altura del menos capaz de los políticos en la historia de la política. No creo que un filósofo que recita a Molière de memoria tenga que hablar con una retórica que banaliza la complejidad de los problemas (el social y, ahora, el ecológico). Es más, esperaría que nunca lo hiciera.

Yo no creo que ese enunciado tenga ningún poder, más que decirnos qué tipo de política podemos esperar de él: una política de likes, videos viralizados, sin argumentos sustanciados. La banalización de la política y de la política pública: Trump ganó. No tenemos un nuevo Obama, tenemos otro Trudeau. A ver para cuándo el make our politics great again.

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